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Carlos Romero: Economía de los recursos ambientales y naturales

octubre 10, 2011

Cómo la economía está de moda, y el mundo científico y académico es uno de los que más esta sufriendo el embite del liberalismo económico (investigadores precarios, plan de bolonía y otros dislates), estoy aprovechando para estudiar temas de economía que más o menos tienen un cierto interés, pero que en circunstancias normales tal vez nunca hubiese estudiado.

En concreto aquí voy a hablar sobre el libro al que hace referencia el título, aunque situándolo en su contexto correcto, el de la economía ecológica.. Esta economía ecológica estaría en la capa 1 de la clasificación que hice de los estratos que, en mi opinión, debería tener una teoría económica (ver Economía descentralizada estratificada I: estratificación del proceso económico). El caso es que el libro del que hablo trata de la ecología de los recursos ambientales y no de economía ecológica. Uno pensaría que deben ser la misma cosa, o al menos algo parecido, pero no es así. Sin embargo si uno mira el listado de capítulos donde hay temas como : recursos no renovables, recursos renovables (el caso de las pesquerías) o el turno forestal óptimo podría pensarse que está ante un libro que hace un análisis macroeconómico dónde se consideran los efectos de la existencia de una cantidad finita de recursos, que es el objetivo de la economía ecológica. Pero no, estamos ante un libro que usando técnicas muy cercanas a la microeconomía hace básicamente os cosas. Una, en los primeros capítulos es, tras un breve estudio al tratamiento de residuos usando el concepto de externalidades (y los enfoques de pigou y coase), hacer un análisis de la valoración económica de los recursos ambientales para los cuales no es sencillo dar un valor monetario. La otra es usar esas misms técnicas microeconómicas, adecuadamente adaptadas, para encontrar los óptimos de explotación. Digamos que un título mas adecuado para el libro podría ser: “Manual de explotación óptima de los recursos ambientales”.

El libro está escrito dentro de los cánones de la teoría económica actualmente considerada ortodoxa. De hecho está pensado como libro de texto para asignaturas de economía ambiental en facultades de economía. . Aquí e importante señalar que el libro es de 1997. En el momento de ser escrito señalaba que la economía ambiental jugaba un papel secundario en las facultades de economía y que no todas lo tenían en su programa; y cuando lo tenían era como asignatura opcional. Una ojeada al programa actual (en realidad programas ya que ahora conviven el programa en extinción de licenciatura y el actual de grado del asqueroso plan de bolonia ese) de la facultad económica en la U.A.M. muestran que sigue sin estar presente, ni siquiera como optativa. Por supuesto si no hay lugar para una asignatura de economía ambiental, escrita en el lenguaje matemático e ideológico canónico de la economía actual mucho menos para la economía ecológica.

Cómo puede deducirse de lo anterior este libro no es lo que buscaba (aunque el temario indicara lo contrario). Pero, pese a ello, tiene algunos aspectos interesantes (sino no escribiría un post al respecto). Curiosamente la parte que me ha parecido más interesante es la primera, la de valoración de recursos ambientales. Y no tanto por si misma, que también, sino porque algunas de las ideas pueden ser utilizadas en otro contexto, la capa 4 en mi estratificación de la economía.En particular es interesante porque ahí se analiza como darle un valor económico a temas que no tienen una valoración monetaria obvia. Y eso es justo lo que sucede en la actualidad con los bienes no rivales en que se han convertido los productos de los “autores”. A raíz de la entrada anterior, y en particular sobre ese tema, un economista al que tengo agregado al facebook, we vincenzo, me comentó que había un cierto movimiento en la economía ortodoxa para intentar modificar la teoría del valor con idea de extenderla a los bienes no rivales y los derechos de autor.

Ahí analiza deiversas estrategias de valoración. Una, el excedente del consumidor (una variación un tanto sutil del concepto de demanda), la valoración compensatoria y variación equivalente, la variación contingente, el método de las variables hedónicas y el método del coste del viaje.

Quizás el mas sencillo de entender es teste último. La idea es simplona. Para saber la valoración económica de un recurso ambiental (un lago, un bosque, etc) uno se fija en el dinero que la gente se gasta en desplazarse a ese bosque. Siendo economistas ortodoxos ahí consideran cosas cómo el coste de oportunidad es decir, el dinero que dejas de ganar en el tiempo que te lleva ir y venir al parque. Sí, esa gente asume que si no te vas de ocio usarías ese tiempo en ganar dinero. Y si lo usaras en otro tipo de ocio, pues lo mismo, el ocio, sea como sea, tiene el coste de oportunidad del tiempo equivalente que ganarías trabajando. Esa gente parece pensar que la gente lo único que quiere es ganar dinero. Realmente el análisis psicológico que está detrás de la modelización económica neoclásica es irrisorio. He visto que en la UAM hay una asignatura de psicoeconomía. No he tenido tiempo de ojear el temario (y ahora mismo la web de la UAM está caída), pero tengo curiosidad de ver que tipo de temas pueden considerar ahí. Por ejemplo hay un aspecto muy chocante: en los libros de psicología sobre psicópatas (no asesinos, también llamados sociópatas) se explica que esta gente tiene querencia a estar en empresas, política y la bolsa. El carácter de los psicópatas es justo el contrario del “homus económicus” de la economía neoclásica; de hecho ni siquiera los “animal spirits” keynesianos describen correctamente a los psicópatas. Sería interesante que alguien hiciese un análisis de los modelos neoclásicos sustituyendo los modelos con “homus económicus” con “psicpatae spirits”, a ver que sale.

Pero volvamos a la valoración de los recursos mediante el método del coste de viaje. Usando datos reales, obtenidos en entrevistas, sobre tiempos/distancias al parque, el precio del transporte, el dinero gastado en el parque y demás se puede establecer una curva de demanda para el recurso natural. Se podría hacer algo similar con los artistas (en particular músicos) y sus conciertos. En función del dinero que la gente gasta en las entradas y el tiempo de espera en colas se podría hacer un estudio de la demanda de un cierto artista. A partir de ahí se podría hacer una tabla y destinar un porcentaje de los impuestos a pagar a los artistas como compensación del dinero que dejan de obtener al carecer de ingresos por ventas de sus temas musicales. Por supuesto la idea última de esto es la misma que la de un recurso ambiental. Uno, en principio, quiere que haya parques, lagos, etc, libres de contaminación, bien sea porque quiere visitarlos de tanto en tanto, bien sea porque quiere que existan “porque está bien” (la economía ecológica en realidad afirma que sin un cierto porcentaje de recursos naturales no explotados la economía humana se hunde, por mucho que haya un teorema de economía neoclásica que diga que con suficiente capital y mano de obra esos recursos pueden ser arbitrariamente pequeños. Considero que ese debe ser el teorema mas nefasto de la historia humana y si tengo ganas le daré un tratamiento aparte). Bien, los artistas (autores en general) serían algo análogo a los recursos ambientales. Son necesarios, entretienen, crean cosas útiles, y en el modelo actual en que su obra se convierte en “bienes no rivales” (aká archivos compartibles libremente por internet) tienden a no cobrar nada. Esas técnicas de valoración serían una medida dentro de la economía ortodoxa para asignarles dinero público.

Sé que actualmente hay algunos modelos de la teoría del valor basados en teoría de juegos. En el libro no los tratan, pero posiblemente den otra buena opción para asignar valor objetivo a los autores para así proceder a pagarles adecuadamente. Otra opción es usar páginas de descarga gratuitas dónde se contabilicen descargas. Esto es problemático, las descargas no deberían estar repetidas desde una misma IP, para evitar que el propio autor se descarga miles de veces el propio archivo, aunque, por supuesto, siempre haría trampas. Por eso métodos complementarios de valoración, como este del “coste de viaje” estarían bien.

Otra posibilidad, creo yo, tanto para los recursos ambientales como para los derechos de autor, sería salir a bolsa. Así si alguien quiere que se invierta en preservar un recurso ambiental cualquiera (el amazonas) o un autor concreto (por ejemplo, aquel músico que te gusta, pero que no es supermegapopular y sabes que no vive de sus discos y conciertos) podrías comprar acciones del mismo y así le darías al parque (o al autor) financiación. Es la misma idea que con las empresas, pero aplicada a bienes “no productivos”. Lo entrecomillo porque, realmente, para mi es mas interesante que el amazonas no se deforeste o que según que autores sigan produciendo a buen ritmo (sin tener que tener un trabajo “convencional” aparte) que el que una empresa de “ponga aquí lo que quiera” crezca. Por supuesto la economía financiera se ha convertido en economía especulativa y esa opción de “sacar a bolsa” parques o artistas tiene mucho peligro en el contexto actual. Ahora bien, si se regula adecuadamente este sector financiero si podría llegar a ser una buena alternativa a estudiar (o no, aquí ya que opinen los expertos en economía ortodoxa, que ese sería su terreno).

Y antes de que los aficionados a la ciencia empiecen a rehuir de este blog anuncio que tengo intención de escribir un post sobre los famosos neutrinos de ópera que espero cubra aspectos aún no tratados en otros blogs. Eso sí, no me comprometo a ninguna fecha conrcreta :insértese icono de disimulo aquí:.